"Sentimos que podremos volver a abrazar a nuestras familias”
Jaime Florez, venezolano radicado en Tucumán desde octubre de 2018 , analizó el impacto de la detención de Nicolás Maduro, la intervención de Estados Unidos y las esperanzas, mezcladas con temor, que atraviesan a los venezolanos que migraron durante este tiempo.
- Volanta: Testimonio
Desde Tucumán, Jaime Florez siguió minuto a minuto las noticias que llegaban desde Venezuela el 3 de enero. “Al principio fue mucha incertidumbre. Veía los reportes en X mientras todo estaba ocurriendo, pero el hermetismo informativo del régimen no permitía tener certeza de qué estaba pasando”, relató en entrevista para GN Noticias. La confirmación de la captura de Nicolás Maduro le generó un profundo alivio, aunque siempre con prudencia: “Fue un día de comunicación constante con amigos y familiares, un ambiente festivo, pero con la cautela de saber que esto aún no ha terminado”.
Para él, el hecho marca un quiebre histórico. Considera que la detención del líder chavista representa un punto de inflexión real para el país. “Se logró un hito que, para los venezolanos, con las herramientas que tenían, era imposible concretar. Esto significa un antes y un después para la dictadura y encamina al país hacia una transición democrática real”, explicó, convencido de que el escenario político venezolano ya no será el mismo.

Entre los venezolanos que viven fuera del país, remarcó que los sentimientos son mixtos: “Predomina una mezcla de alivio y preocupación”, señaló. Si bien muchos celebran el golpe al régimen, persiste el temor por quienes continúan en Venezuela. “El sistema de represión sigue operando y amenaza fuertemente a nuestros familiares y amigos. Nos preocupa la integridad de quienes siguen allá mientras el régimen intenta sostenerse”.
Ese miedo también atraviesa a su entorno más cercano. Florez contó que su familia vive la situación con esperanza, pero en silencio. “Es una alegría que no pueden expresar libremente por temor a represalias si son vistos celebrando”, explicó.

“Evito escribirles por WhatsApp porque el régimen confisca y revisa teléfonos buscando opositores; nos comunicamos casi únicamente por llamadas cuando sé que están seguros en sus casas”, afirmó.
Pese a todo, el venezolano radicado en Tucumán cree que este proceso abre una puerta concreta al futuro. “Es solo el inicio. Falta desmantelar a la cúpula del chavismo y sus redes de narcoterrorismo, pero es un paso gigante”, afirmó. Para él, el impacto emocional va más allá de la política: “Muchísimos sentimos que podremos volver a abrazar a nuestras familias”.
En ese camino, destaca el rol de la diáspora venezolana: “Nuestra responsabilidad es ser la voz de los que no pueden hablar”. Por último, dejó un mensaje claro para la sociedad en general: “Más allá de las banderas políticas, entiendan el lado humano: Venezuela fue secuestrada por una estructura criminal, y hoy vemos una luz al final del túnel”.

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