La región está cambiando. Y no es un dato menor
El derechista Katz triunfó en el ballotage y es ya el presidente electo de Chile; en su primer viaje al exterior visita la Argentina y hoy se reunirá con el presidente Milei en la Casa Rosada.
- Volanta: Por Rafael Bulacio
América del Sur viene mostrando señales claras de un giro político. La derecha con distintos matices, estilos y liderazgos vuelve a ganar espacio en un continente que durante décadas osciló entre promesas populistas, frustraciones económicas y Estados cada vez más agotados.
No se trata de un fenómeno uniforme ni lineal. Cada país tiene su historia, su crisis y sus particularidades. Pero hay un hilo conductor que atraviesa a buena parte de la región: el hartazgo social frente al estancamiento, la inflación, la inseguridad y la corrupción. Y frente a ese hartazgo, emergen liderazgos que prometen orden, reformas profundas y un achicamiento del Estado.
En ese mapa regional, Argentina aparece hoy como un caso testigo. Javier Milei irrumpe como un presidente disruptivo, ideológicamente claro, con un discurso frontal contra el estatismo y la casta política. Su figura genera adhesiones intensas y rechazos feroces, pero nadie puede negar que ha reordenado el debate político no solo en el país, sino también fuera de sus fronteras.
Por eso no sorprende que distintos dirigentes y espacios de derecha en la región miren a la Argentina con atención. Hay una sintonía conceptual: defensa del mercado, crítica al intervencionismo, énfasis en la responsabilidad fiscal y una narrativa que pone el foco en la libertad individual. Esa afinidad ideológica abre la puerta a vínculos políticos más fluidos entre gobiernos y liderazgos afines.
Ahora bien, conviene no caer en simplificaciones. La derecha que avanza en la región no es monolítica. Conviven expresiones liberales, conservadoras, nacionalistas y pragmáticas. Algunas con vocación institucional fuerte, otras más confrontativas. El desafío será ver si este nuevo ciclo logra traducir sus ideas en resultados concretos y duraderos.
Porque una cosa es ganar elecciones, y otra muy distinta es gobernar con eficacia, sin perder sensibilidad social ni erosionar la convivencia democrática.
Lo cierto es que el tablero sudamericano se está reconfigurando. Los vientos políticos están cambiando, y Argentina, hoy, juega un rol central en ese proceso. Si este giro será el inicio de una etapa de crecimiento y estabilidad, o solo otro péndulo más en nuestra historia cíclica, es algo que todavía está por verse.
Pero una cosa es segura: la región ya no discute lo mismo que hace diez años. Y cuando cambia la discusión, cambia también el rumbo.


Seguinos en Google News 
