Jugando con fuego nuclear Putin, Trump y la amenaza hipersónica
En un mundo agobiado por la guerra comercial, los conflictos regionales y la degradación ambiental, dos potencias nucleares han decidido intensificar el juego de la amenaza global.
- Volanta: Por Rafael Bulacio
Vladimir Putin anuncia el despliegue de misiles hipersónicos, capaces de esquivar cualquier defensa y de alcanzar sus blancos en cuestión de minutos. Donald Trump, por su parte, ordena la movilización de submarinos nucleares hacia un destino secreto, en medio de una retórica cada vez más incendiaria.
¿De qué estamos hablando? De armas con poder de aniquilar ciudades enteras. De dispositivos tan veloces y sofisticados que vuelven obsoleto cualquier sistema de defensa. Y, sobre todo, de decisiones tomadas por líderes que no parecen medir las consecuencias de sus gestos. Lo que está en juego no es una batalla táctica ni una exhibición de fuerza: es la estabilidad del planeta.
Los misiles hipersónicos rusos representan un salto cualitativo en la carrera armamentista. No sólo porque son indetectables, sino porque reducen el tiempo de reacción a segundos. Es decir: cualquier error, cualquier falsa alarma, cualquier malentendido puede derivar en un apocalipsis. Los submarinos nucleares estadounidenses, silenciosos e invisibles, completan el panorama con su capacidad de destrucción total desde cualquier punto del océano.
La doctrina que mantuvo la paz, la llamada “destrucción mutua asegurada”, empieza a resquebrajarse. El equilibrio del terror ya no es un freno si una de las partes cree que puede golpear primero y sobrevivir. En ese contexto, el mundo vuelve a vivir bajo la sombra de un botón rojo que nadie debe apretar, pero que demasiados están tentados de mostrar.
Mientras tanto, las organizaciones internacionales miran con impotencia. La diplomacia está debilitada. Los tratados de desarme han sido abandonados o violados. Y la humanidad entera queda rehén de un puñado de decisiones irresponsables tomadas a puertas cerradas.
No se puede normalizar la amenaza nuclear. No se puede tolerar que el lenguaje bélico vuelva a ser moneda corriente. No es aceptable que, por motivos políticos o estratégicos, se juegue con la posibilidad del fin del mundo. Es momento de exigir responsabilidad, de volver a poner límites, de reconstruir el camino del diálogo y el desarme.
Porque si los líderes siguen jugando con fuego, será la humanidad entera la que termine consumida en las llamas.


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