Gobernar con bronca es gobernar mal
Estados Unidos volvió a subir los aranceles de importación a productos brasileños. La medida no se sustenta en una necesidad económica urgente ni en una estrategia comercial clara.
- Volanta: Por Rafael Bulacio
Es, a todas luces, una represalia política disfrazada de decisión técnica. Detrás de esta acción aparece con claridad el verdadero motor: la antipatía personal de Donald Trump hacia Lula da Silva.
Este tipo de decisiones son profundamente dañinas. Porque no sólo tensionan las relaciones entre países, en este caso, entre dos potencias de América, sino que exponen una forma de hacer política basada en emociones y resentimientos personales, no en la racionalidad ni en la defensa del interés nacional.
Un presidente no está para saldar cuentas personales. Un presidente debe actuar con visión de Estado, con responsabilidad institucional, con equilibrio. Usar el poder para castigar a otro líder, por más diferencias ideológicas que existan, es una forma pueril, y sobre todo peligrosa, de ejercer el gobierno.
Hoy es Brasil. Mañana puede ser otro país, otra relación comercial, otro acuerdo estratégico roto por una cuestión personal. Así no se construye un liderazgo serio ni respetado.
Gobernar con bronca es gobernar mal. La política exterior, el comercio, la diplomacia no pueden estar al servicio de las pasiones del mandatario de turno. Si las decisiones de Estado se toman por enojos o antipatías, los que pagan las consecuencias son los pueblos, no los líderes.
Estados Unidos, como cualquier nación, tiene derecho a defender sus intereses. Lo que no tiene derecho es a convertirlos en un instrumento de venganza personal. Porque cuando eso sucede, la política se degrada y el mundo se vuelve un poco más injusto y peligroso.


Seguinos en Google News 
