Estados Unidos y el retorno del fantasma nuclear
Estados Unidos vuelve a encender una señal de alarma mundial. El anuncio de Donald Trump, ordenando reanudar de inmediato las pruebas de armas nucleares “en igualdad de condiciones” con otras potencias, nos obliga a mirar hacia atrás… y, sobre todo, hacia adelante.
- Volanta: Por Rafael Bulacio
Porque hablar de armas nucleares no es hablar de política interna ni de un capricho presupuestario: es hablar de la seguridad del planeta. Desde 1992, el mundo vivía, aunque sea frágilmente, bajo un entendimiento tácito: no realizar ensayos atómicos para evitar una nueva carrera armamentista. Ese equilibrio precario se basaba en un principio simple: si nadie prueba, nadie provoca.
Pero hoy, la decisión de Washington implica romper ese pacto no escrito. Y lo que se rompe en este terreno, suele costar décadas recomponer.
Trump justifica el cambio asegurando que Rusia y China han avanzado tecnológicamente mientras Estados Unidos mantuvo inmovilizado. Sin embargo, la respuesta a una preocupación legítima no puede ser avivar el fuego. Porque si uno prende una mecha nuclear… otros no tardarán en encender la suya.
El mundo vive un momento de enorme tensión geopolítica: guerras en curso, disputas comerciales, nuevas potencias emergentes y un sistema internacional cada vez más frágil. ¿Hace falta más pólvora?
Es aquí donde la política mundial debe mostrarse adulta. El liderazgo no está en demostrar quién tiene el arma más poderosa, sino quién es capaz de evitar que el arma se use. La historia nos enseñó, a un precio altísimo, que una detonación nuclear no es un triunfo militar, sino una derrota de la humanidad.
Ojalá prime la diplomacia. Ojalá la razón vuelva a imponerse. Porque si algo sabemos con absoluta certeza es que la paz es el único camino que puede permitirnos pensar en el futuro.


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