Comenzamos el mes de febrero
Comenzamos el mes de febrero y yo, reanudando mis editoriales diarias, en un clima de alta tensión internacional, con un mundo atravesado por guerras, enfrentamientos regionales, disputas de poder y una economía global que camina sobre terreno inestable.
- Volanta: Por Rafael Bulacio
Ese contexto no es una postal lejana: golpea de lleno en países frágiles como la Argentina, condicionando el acceso al crédito, las inversiones, el comercio y, en definitiva, la calidad de vida de millones de personas.
Claro está que el apoyo económico de Estados Unidos a nuestra economía ha sido clave para estabilizar el panorama en periodos de incertidumbre. Esta ayuda permite mejorar la confianza del mercado, fortalecer las reservas y facilitar reformas estructurales. Este respaldo actúa como un “paraguas” que nos protege frente a shocks externos, permitiendo un ajuste más sostenible. No obstante, su impacto duradero dependerá de políticas internas que aprovechen esta ventana de estabilidad.
El Congreso de la Nación enfrenta semanas decisivas y no hay margen para la improvisación ni para el cálculo mezquino. Deberá tratar leyes centrales, postergadas durante años, que hoy resultan ineludibles. Entre ellas, la reforma laboral, imprescindible para modernizar un sistema rígido que expulsa trabajadores a la informalidad; y la ley penal juvenil, un debate incómodo pero necesario frente a una realidad de violencia creciente que el Estado no puede seguir mirando de costado.
No son discusiones abstractas ni ideológicas. Son decisiones que afectan la seguridad, la justicia, el empleo y el orden social. Sin embargo, existe el riesgo de que estos debates vuelvan a empantanarse en consignas vacías, discursos demagógicos y posiciones extremas, más pensadas para la tribuna que para resolver problemas concretos.
La Argentina ya pagó demasiado caro la falta de coraje político. Décadas de parálisis, de reformas inconclusas y de leyes pensadas para sostener privilegios y no para promover el desarrollo, nos dejaron un país empobrecido, inseguro y socialmente fracturado. Seguir postergando decisiones profundas no es neutral: es una forma de irresponsabilidad.
Febrero no debería ser un mes de transición ni de excusas. Debería ser el inicio de un período de definiciones claras. El Congreso tiene la palabra y la responsabilidad. La sociedad, mientras tanto, observa, espera y juzga. Porque esta vez, no hay lugar para el fracaso ni para la dilación.


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